Cómo se produce la concepción

El embarazo sólo es posible durante el periodo de ovulación

Quedarse embarazada no es tan fácil como pueda parecer. El tiempo aproximado para conseguir un embarazo es de entre seis meses y un año, aunque algunas mujeres logran hacerlo al primer intento.
La concepción sólo es posible durante los denominados días fértiles de la mujer, cuando se produce la ovulación.
Esto ocurre cuando un óvulo se desprende de uno de los ovarios, hacia la mitad del ciclo menstrual. 

La fecundación se produce si en el momento de la ovulación uno de los espermatozoides se encuentra con un óvulo a su paso por las trompas de Falopio.

¿Es posible quedarse embarazada durante la menstruación?

Durante la menstruación no es posible quedarse embarazada porque el óvulo ya no es tal, sino que ha degenerado y no puede ser fecundado.
Además, la hemorragia existente y el ambiente hostil dentro del útero dificultan el paso de los espermatozoides y la supervivencia de los mismos.
La razón por la que una mujer que tras mantener relaciones sexuales coincidiendo con el sangrado genital se queda embarazada consiste en que ese sangrado no es la menstruación. Puede ser un sangrado irregular que coincide con la ovulación, pero que no es la regla. Este caso en ginecología se conoce como “spoting” o pérdidas.

¿Cuánto se tarda en conseguir un embarazo?

El tiempo aproximado en conseguir un embarazo es de entre seis meses y un año, sobre todo cuanto mayor sean los miembros de la pareja.  
Por supuesto que es perfectamente posible y frecuente quedarse embarazada antes de ese periodo de tiempo. Más allá del año transcurrido sin que se haya producido un embarazo buscado, es aconsejable acudir al médico para hacerse pruebas que permitan descartar cualquier problema de infertilidad o de otra índole, tanto en la mujer como en el hombre.

¿Cómo calcular la fecha de ovulación?

Para calcular la ovulación hay que contar 14 días a partir del primer día de la regla. El 13 y 15, es decir el día anterior y posterior a la ovulación, son los idóneos para que se produzca la concepción. Hay que tener en cuenta que la vida fértil de un óvulo dura entre 12 y 24 horas, mientras que la fertilidad del espermatozoide es de unas 72 horas.
Para un ciclo menstrual regular de 28 días, la ovulación se produciría el día 14. Sin embargo, no es frecuente tener ciclos tan regulares, ya que suelen adelantarse o retrasarse unos días, según el mes.

¿Cuál es el mejor momento para concebir?

Algunos ginecólogos consideran que se aumentan las probabilidades de concebir si se tienenrelaciones sexuales en días alternos, cuando se acerca el momento de la ovulación y justo después de la misma.
Para un ciclo menstrual de 28 días, lo normal sería ovular el día 14, con lo que se mantendríanrelaciones sexuales el día 13 y el día 15.
Esto es así, según estos especialistas, porque los espermatozoides, como se ha dicho, tienen una vida de entorno a 72 horas y durante ese tiempo continúan su camino hacia su objetivo final que es el óvulo.
Hay especialistas que aconsejan tener relaciones los tres días antes de la ovulación, ya que es entonces cuando el moco cervical adquiere una textura más líquida y transparente y resulta más adecuado para la supervivencia del espermatozoide. La fertilización dura 24 horas o algo más.

¿Qué puede dificultar la concepción? 

Estudios recientes han comprobado que si, durante el trayecto de los espermatozoides, aparecen otros nuevos, se produce para los primeros una invasión y se libra una especie de batalla entre los nuevos inquilinos y los antiguos.
Todo esto dificulta la labor de fecundación, aunque no necesariamente la impide. Hay que tener en cuenta que en una eyaculación normal participan alrededor de 200.000 espermatozoides, de los cuales sólo cerca de 200 se aproximan al óvulo y sólamente uno (en ocasiones dos) es capaz de fecundarlo. El óvulo envuelve al espermatozoide en unas vellosidades que impiden la entrada de otros.

Métodos para calcular la ovulación

Métodos para calcular el día de la ovulación

Los ciclos menstruales no suelen ser tan regulares, porque la mujer no siempre tiene la regla los mismos días, sino que hay meses que se adelanta y otros que se retrasa, uno, dos o más días. Por eso no resulta tan sencillo saber cuándo se produce la ovulación. 


Para saber en qué momento va a producirse existen diferentes métodos: la observación del flujo vaginal, la temperatura basal, la hormona luteinizante (LH) y la observación microscópica de la saliva o del flujo vaginal.

La observación del flujo vaginal

A lo largo del ciclo menstrual el flujo vaginal sufre unos cambios apreciables para la mujer. Durante los días no fértiles no suele haber presencia de dicho flujo. Son los llamados “días secos” y, cuando se presenta, tiene una textura densa y de color blanquecino que impide el paso de los espermatozoides a través del cérvix uterino.
A medida que se acerca la ovulación, hacia la mitad del ciclo, el flujo vaginal va adquiriendo un tono más transparente y menos denso hasta convertirse en un líquido. Ese es el momento de la ovulación.
Estos cambios se deben al aumento de los niveles de estrógeno, una hormona sexual femenina producida por los ovarios que regula el ciclo menstrual.
Después, el flujo vuelve a cambiar de textura y se hace más pegajoso, lo que indica que los niveles de estrógeno han disminuido y en consecuencia también el momento fértil de la mujer.

La temperatura basal

El método de la temperatura basal es otra forma de determinar el día de la ovulación. Consiste en tomarse la temperatura todos los días con el mismo termómetro antes de levantarse de la cama, a la misma hora, y anotarla en una tabla que recoja todos los días del ciclo durante varios meses.
La temperatura basal del cuerpo apenas varía de una mujer a otra. Lo normal se sitúa entre 36.5ºC a 36.7ºC antes de la ovulación, y aumenta 0.5ºC después de la misma. Por lo tanto, los cambios que se producen son mínimos, de décimas de grado. Lo mejor es tomarse la temperatura debajo de la lengua o en el recto, pero siempre en el mismo sitio.
Una vez que la temperatura llega al pico, y se mantiene en un nivel más alto de lo normal durante unos tres días, es que se ha producido la ovulación. Esta temperatura se mantendrá más elevada hasta que vuelva a producirse la regla.
Esto es así porque cuando se produce la ovulación, la temperatura sufre un ligero aumento, entre medio grado y un grado respecto al resto de los días. Dicho cambio de temperatura se debe a la presencia de la progesterona, otra hormona femenina que actúa durante la segunda parte del ciclo menstrual.
El registro de la temperatura debe iniciarse el primer día de la menstruación y mantenerse durante todo el ciclo. Para medir la temperatura basal hay termómetros especiales que se pueden adquirir en las farmacias, ya que tienen una división en décimas de grado más fácil de leer que en los termómetros normales.

La hormona luteinizante (LH)

La hormona luteinizante (LH) se trata de una proteína que en la mujer controla la ovulación y la secreción de la progesterona, entre otras funciones. Mediante una prueba de orina es posible localizar esta hormona entre 24 y 36 horas antes de la ovulación.
El test, de venta en farmacias, es relativamente sencillo de usar.

La observación microscópica de la saliva o flujo vaginal

Existe otro test farmacéutico que permite determinar los días fértiles de una mujer. Se basa en la observación al microscopio de una muestra de saliva o flujo vaginal y en el cambio de las imágenes que se ven en los momentos próximos a la ovulación.
Tiene la gran ventaja de poderse usar muchas veces durante un año, de modo que se compra una sola vez y sirve para todo el año, independientemente de las veces que comprobemos la ovulación.

¿Cómo utilizar este tipo de métodos?

Todos estos métodos son indicativos de cuándo se va a producir la ovulación, y se pueden poner en práctica de forma conjunta o por separado.
Además, se puede utilizar un sistema de cálculo aproximado de la ovulación contando las tres últimas reglas y los días en las que se produjeron.
Para saber en qué fecha se va a producir la ovulación, se utiliza una calculadora de ovulación.

Como Vacunar a los Bebes

Las vacunas son productos biológicos altamente purificados, producidos a partir de diferentes virus y bacterias, que funcionan como antígenos.

De modo que, introducidos en un organismo sano estimulan la producción de anticuerpos o sea, de “defensas” frente a las enfermedades que pretendemos evitar.

Las vacunas se han ido diseñando para tratar de evitar enfermedades graves para las personas, sean éstas bebés, niños o adultos. Enfermedades que pueden causar la muerte, producir lesiones graves o dejar secuelas en quienes las padecen.

Para comprenderlo conviene saber previamente como funciona nuestro sistema inmunitario. 

Cuando nos infecta un virus o una bacteria, pueden producirnos ciertas enfermedades, pero desde el primer momento nuestras defensas empiezan a funcionar. 

Primero identifican como extraños a ciertos componentes de esos microorganismos invasores a los que llamamos antígenos.

Después se ponen en marcha dos mecanismos diferentes de defensa: 

– Por una parte las células blancas de la sangre se activan para defendernos (se llama inmunidad celular).
– Por otra, se producen anticuerpos específicos frente al agente invasor (se llama inmunidad humoral).

Los anticuerpos son moléculas especiales, capaces de unirse a los antígenos de los virus o bacterias. Así pueden inactivarlos o facilitar que otras células de nuestra sangre los eliminen.

La enfermedad producida será más o menos intensa dependiendo de la rapidez y eficacia de esta respuesta de nuestro cuerpo.

Casi todo el mundo sabe que algunas enfermedades se pasan una sola vez en la vida, por ejemplo el sarampión o la varicela. Esto se debe a que en nuestro sistema inmunitario quedan algunos de esos anticuerpos, que funcionan como una memoria inmunitaria especial que rechazará con rapidez nuevos ataques por ese mismo microorganismo y así no volveremos a padecer esa enfermedad.

Las vacunas nos introducen esos antígenos para que el sistema inmunitario fabrique anticuerpos sin tener que pasar la enfermedad, o en todo caso, que sea de forma muy atenuada.

Algunas vacunas son eficaces a la primera. De otras, hacen falta dosis de recuerdo, para que nuestro organismo fabrique una cantidad de anticuerpos suficientes para protegernos durante largo tiempo.Subir


La primera vacuna (frente a la Viruela) se obtuvo de una variante benigna de esa enfermedad, que afectaba a las vacas (¡por eso se llaman vacunas!).

O sea, que las vacunas se pueden obtener directamente de los virus o bacterias, pero éstos deben estar muertos o atenuados, es decir, debilitados.  

De lo contrario, en vez de vacunar, se produciría la enfermedad normal.

Los microorganismos son cultivados dentro de embriones de pollo y mediante diversas sustancias se les debilita. 

Es necesario que en el producto final estén las partes del virus que desencadenan la formación de anticuerpos.

A veces, basta con extraer esas partes como por ejemplo los antígenos de la cápsula del neumococo.

En la actualidad, las nuevas vacunas se fabrican mediante ingeniería genética. Por eso son igual o más eficaces, y a la vez más inocuas.

Alimentacion del Bebe

Los expertos consideran que la leche materna es el mejor alimento para los bebés recién nacidos.
Además de aportarle todos los nutrientes necesarios para su crecimiento, la lactancia materna favorece el contacto físico y la creación del vínculo de apego entre madre e hijo, fundamentales para su desarrollo físico y psicológico.
Sin embargo, no siempre es posible y se debe recurrir a la lactancia artificial .
Esta forma de alimentación presenta también algunas ventajas frente a la lactancia materna, como una mayor libertad para la madre o la posibilidad de que otros miembros de la familia alimenten al bebé.  Además, hoy en día las leches de fórmula son de muy buena calidad, aunque todavía no imitan totalmente la leche materna.
 Lo más importante es satisfacer las necesidades físicas y afectivas del bebé. La elección de la forma de alimentación del niño depende de los padres, que decidirán qué es lo más oportuno.

Como colcarle un Termometro y un supositorio a un bebe recien nacido

En el bebé, la temperatura se toma principalmente por vía rectal. Se coloca al bebé boca arriba y se le levantan las piernas sujetándolas por los tobillos con una mano. Con la otra mano se introduce aproximadamente un centímetro de la punta del termómetro en el ano.
Para facilitar el deslizamiento del termómetro se puede untar la punta con un poco de vaselina. A continuación se le mantiene con el culito apretado el tiempo necesario, que varía según el tipo de termómetro, para comprobar la fiebre.
SUPOSITORIO
Se coloca al bebé boca arriba y se le levantan las piernas sujetándolas por los tobillos. Con la mano libre se introduce el supositorio en el ano lenta pero firmemente, ya que puede derretirse y resbalar entre los dedos.
Para facilitar el deslizamiento del supositorio se puede untar la punta con un poco de vaselina. Una vez introducido, y para evitar que lo expulse, hay que mantener las nalgas del bebé apretadas y las piernas bajadas durante 2 minutos.

como colocar gotas en un bebe recien nacido

En los ojos. Se tumba al bebé boca arriba y, bajándole el párpado inferior, se dejan caer las gotas entre el párpado y el ojo.
En la nariz. Se tumba al bebé boca arriba sobre una superficie lisa con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. Con el dosificador, se instilan las gotas primero en un orificio nasal y luego en el otro, y se mantiene al bebé con la boca cerrada durante unos segundos para asegurarse de que no las expulse.
En los oídos. Se coloca al bebé de costado y, tirando hacia abajo del lóbulo de la oreja, se dejancaer las gotas sin llegar a introducir el dosificador dentro del oído. Manteniendo al bebé en esa postura durante unos segundos, las gotas penetrarán el oído. Después se le cambia de costado y se repite la operación en el otro oído.

Como saber si tu bebe tiene frio o calor

La mayoría de los bebés suele tener las manos y los pies fríos, puesto que su circulación sanguínea todavía no está plenamente desarrollada. Esto no significa necesariamente que el bebé tenga frío.
La mejor manera de averiguar si necesita más abrigo es tocándole las piernas, los brazos o el cuello. La pérdida de color en las mejillas también puede indicar que el bebé está pasando frío.
Contrariamente a lo que se cree, no se debe abrigar en exceso a los bebés, pues su cuerpo puede perder la capacidad de adaptación a los cambios de temperatura y resfriarse con mayor facilidad.
En lugar de una sola prenda de mucho abrigo, conviene vestirle con varias prendas de menor grosor, ya que entre ellas se formarán capas aislantes y el bebé se sentirá más arropado. De este modo, si la temperatura sube, se le podrá quitar una de las prendas sin tener que cambiarle toda la ropa.

Cuando hace calor, es preferible vestir al bebé con prendas de algodón que compensan las variaciones de temperatura. Una ranita de manga corta resulta suficiente.
El exceso de calor puede hacer que el bebé tenga la cabeza sudorosa o que se le note apático y abatido. En ese caso, conviene llevarle a una habitación fresca, quitarle la ropa, darle aire con un abanico y hacerle tomar mucho líquido. Si, aun así, no reacciona, es imprescindible consultar con el pediatra antes de tomar cualquier otra medida.

El cuidado de los Bebes

El recién nacido oye la voz de sus padres, mira sus caras y se impregna de su olor durante los cuidados diarios. Estas atenciones son fundamentales para su salud y fomentan la creación del apego afectivo a través del contacto físico y el lenguaje.
Es normal que los padres primerizos sientan temores ante las reacciones de su bebé, pero éstos desaparecerán con la práctica diaria. De forma gradual, los padres irán descubriendo que su hijo no es tan frágil como parece y aprenderán a interpretar sus estados de ánimo, especialmente el llanto. Una queja suya les bastará para saber si tiene hambre o el pañal sucio.
El recién nacido recibe infinidad de estímulos nuevos y, para ir distinguiendo unos de otros, necesita orden y regularidad. Por ello es necesario establecer una rutina cuyas pautas serán marcadas, entre otras cosas, por la necesidad del bebé de alimentarse.