Que son y como tratar las alergias en los bebes

Una alergia es una respuesta especifica de nuestro sistema inmunológico a una sustancia que se encuentra en el ambiente y que, para el resto de las personas, es inocua y no produce ninguna reacción. Las alergias suelen producirse por un contacto repetido con esa sustancia, denominada comúnmente como alérgeno. Este alérgeno es un invasor peligroso, y el cuerpo reacciona liberando histaminas y otras sustancias químicas para rechazarlo.


Esta respuesta inmunológica es perjudicial para el organismo, y los síntomas pueden ser leves o severos, dependiendo del órgano o tejido donde se desarrolle la repuesta inmunitaria anómala. La mayoría de las alergias no se desarrollan por completo hasta los primeros años de vida, sin embargo, cada persona tiene un umbral de tiempo diferente que debe alcanzar para que se produzca la reacción. Por ello, la alergia puede darse en los primeros meses de vida del bebé, o aparecer durante su infancia.
Alérgenos comunes
La alergia más común en los niños es la alimentaria, entre un 5% y un 8% de ellos la padecen. Los alimentos que producen más reacciones inmunitarias dependen de los hábitos alimenticios, aunque frecuentemente suelen ser los lácteos, el huevo y el pescado. Los ácaros del polvo, el polen y los animales son otros de los alérgenos más comunes al hablar de las alergias de los pequeños.

¿Se trata de una enfermedad hereditaria?
Respecto a las causas de la alergia, podemos hablar de factores genéticos y hereditarios. En este último sentido, no se hereda la alergia en sí, sino la predisposición a contraerla, lo que denominamos “atopía”. Sin embargo, aunque el niño presente esa disposición, no necesariamente va a padecer esa enfermedad alérgica. Esto dependerá del nivel de contacto al alérgeno que tenga durante su vida.
Los médicos recomiendan extremar las precauciones si uno de los padres presenta alguna patología alérgica, ya que entonces el niño tiene entre un 40% y un 50% de posibilidades de tener algún tipo de alergia. Y esta probabilidad aumenta hasta un 80% si ambos progenitores son alérgicos. Sin embargo, es posible que, dentro de una misma familia, los miembros presenten alergias a distintas sustancias.
Síntomas frecuentes
Para detectar una enfermedad alérgica en un bebé, es necesario que observemos su reacción ante las distintas sustancias del ambiente y ante los distintos alimentos, aunque a veces es imprescindible un estudio médico que la determine con exactitud.
La reacción anómala a los ácaros del polvo y a los animales suele producir congestión nasal por la mañana, durante todo el año. Mientras que si observamos que estos síntomas aparecen en primavera, verano y otoño puede tratarse de alergia al polen.
Asimismo, pueden aparecer lesiones en la piel como vesículas, hinchazón o rojeces, que provoquen picores y escozor al pequeño. El sistema respiratorio también puede verse afectado, presentando pitidos al respirar, sensación de ahogo, insuficiencia respiratoria o, incluso, rinitis.
¿Alergia a los alimentos o intolerancia?
Es importante señalar que alergia e intolerancia alimenticia son dos conceptos distintos. La alergia a los alimentos es una reacción inmunológica que se produce ante el contacto, la ingesta o la inhalación de un alimento o ingrediente, incluso, de una traza. Pero, a diferencia de lo que se cree, lo que produce la respuesta inmunitaria son las proteínas que forman parte del alimento, no éste en sí mismo. Por su parte, la intolerancia hace referencia a la reacción que tiene el metabolismo, no el sistema inmunológico. Normalmente, la intolerancia impide la adecuada digestión de un determinado alimento, así como, la asimilación y el aprovechamiento de sus componentes.
Prevención
Existen una serie de pautas recomendables a la hora de evitar la exposición prematura del bebé a las sustancias causantes de las alergias. En primer lugar, hay que prestar atención a la higiene. Asear al niño con jabón neutro y vestirle con ropa de algodón que permita la ventilación de la piel, es una medida a tener presente. Asimismo, debe vigilarse la habitación del pequeño, y mantenerla bien limpia, sin polvo y ácaros que puedan causar reacción en el bebé.
Las infecciones respiratorias predisponen a padecer asma, por lo que es importante evitar que el niño las tenga. Asimismo, respecto a lo medicamentos, existen algunos específicos, como los antihistamínicos, las vacunas o la inmunoterapia, que se utilizan como tratamiento preventivo de base. En este sentido, es importante recordar que no debemos medicar al bebé sin la recomendación del especialista, ya que podría desarrollar hipersensibilidad a los fármacos.
En cuanto a la alimentación, hasta los 2 años de edad, se recomienda que el niño no consuma huevos (sobre todo las claras), pescado y nueces, que son los alérgenos más potentes. Además, es importante incorporar los alimentos de uno a uno, ya que, en el caso de que el pequeño tenga alguna patología alérgica, será más sencillo identificar el alimento que la produce. La alimentación de la madre también debe cuidarse, y es aconsejable no consumir cacahuetes y otros frutos secos durante la lactancia.
Para finalizar, os recordamos que la mejor opción ante los primeros síntomas de reacción alérgica es acudir al especialista, en este caso, al alergólogo, para que proceda a realizar una exploración exhaustiva, que defina exactamente el tipo de alergia y las medidas a tener en cuenta.