Los gatos y el embarazo

El causante de esta patología se llama “toxoplasma gondii”, un parásito que puede infectar el organismo de una persona a través de la alimentación, mediante el contacto con un gato infectado o por vía materno fetal. 


“La infección por toxoplasma en el adulto inmunocompetente suele ser asintomática”, afirma Manuel Albi, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, ubicado en el cinturón de la capital de España. 

Aunque la enfermedad también puede presentar síntomas tales como “afectación gangliolar, fiebre, malestar general, mialgias, hepatoesplenomegalia y erupción maculopapulosa”, señala el doctor Albi.

“Por lo general los síntomas remiten en pocos meses y rara vez persisten más de un año”, indica el ginecólogo. “La enfermedad grave con encefalitis, neumonitis o miocarditis es muy rara”, añade. 

Sin embargo, la gravedad se incrementa para aquellas personas con las defensas especialmente bajas. “En pacientes inmunodeprimidos puede producir una encefalitis potencialmente mortal”, apunta el médico. 

TRANSMISIÓN MATERNO-FETAL

Las mujeres embarazadas que contraigan la enfermedad corren el riesgo de que el parásito también infecte al feto. “La transmisión materno-fetal se produciría entre un 30% y un 40% de los casos de pacientes que adquieren la enfermedad estando embarazadas”, señala el doctor Albi. 

El médico explica que la tasa de transmisión está “directamente relacionada con la edad gestacional”. De tal modo que en el primer trimestre del embarazo dicha tasa es de apenas el 5%, mientras que en el tercer trimestre alcanza el 80%, manifiesta. 

Sin embargo, las lesiones fetales más grave se producen si el contagio tiene lugar durante los tres primeros meses de gestación. “En el feto, la enfermedad cursa con hidrocefalia, calcificaciones cerebrales y coriorretinitis. 

La mayoría de las veces estas lesiones tan graves aparecen cuando la infección se produce en el primer trimestre y, en muchos casos, acaban en aborto”, indica el especialista. Para evitar la toxoplasmosis es necesario saber cómo se propaga el parásito y para ello se debe prestar especial atención a los gatos. 

“El gato se infecta al ingerir carne cruda que contiene el parásito, lo libera en su intestino donde evoluciona y se multiplica, y más tarde lo dispersa en sus heces”, indica Rafael Calero, veterinario e investigador de la Universidad de Extremadura, en el oeste de España. No obstante, “el gato sólo es peligroso una vez en la vida”, señala el veterinario. 

Pues cuando el animal se infecta y libera el parásito, se inmuniza contra la enfermedad y no lo vuelve a liberar. Un examen veterinario es suficiente para saber si el felino ha estado o no en contacto con el parásito. “Mediante una extracción de sangre se puede ver si el gato tiene anticuerpos contra el parásito”, afirma Calero. Otra opción es realizar un “examen coprológico”, es decir, “un análisis de las heces del gato”, indica. 

Los felinos son los únicos animales que transmiten la enfermedad a través de sus heces, precisa Calero. De esta manera, contaminan con el parásito la tierra o el agua. Si esta agua sin depurar se emplea en un campo de cultivo, el parásito puede pasar al ser humano a través de las verduras regadas con ella que no se hayan lavado suficientemente. 

Pero la manera más habitual de contagio en las personas es el consumo de carne procedente de un animal infectado por el toxoplasma. “Las carnes de porcino y ovino son en las que más frecuentemente se encuentra el parásito”, advierte el veterinario. 

CONSEJOS DE PREVENCIÓN

Para prevenir la toxoplasmosis, el doctor Manuel Albi aconseja a aquellas gestantes que no sean inmunes al parásito “comer la carne muy hecha. Se debe alcanzar una temperatura de más de 65 grados en todo su espesor. 

También es efectivo tenerla congelada por debajo de 20 grados centígrados”. Asimismo, deben “evitar el contacto con gatos, sobre todo con sus deposiciones”. En caso de tener gatos, estos no deben ser callejeros. 

Hay que darles alimentos preparados comercialmente o, en su defecto, alimentos bien cocinados, pero en ningún caso carne cruda. Es necesario, además, prestarles atención veterinaria, explica. El doctor recomienda utilizar guantes cuando se manipule tierra o plantas, y usarlos también para preparar alimentos crudos. 

Después de realizar cualquiera de estas actividades hay que lavarse las manos. Además, el médico aconseja a las embarazadas no consumir vegetales crudos sin lavarlos a fondo previamente, así como evitar los huevos sin cocinar y la leche no pasteurizada.